EL REINO DE EMER
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- SEGÚN LA TRADICIÓN
HUMANA -
Geografía y Clima
La isla de Emer se encuentra situada al suroeste de las islas Moonshae. Es una isla mayoritariamente montañosa, con una gran cordillera central, muy elevada. Las zonas de la isla más llanas suelen estar cubiertas por bosques frondosos, siendo el más importante de éstos el bosque de Nelwüin, que se extiende al oeste de la isla.
La costa norte está mucho más elevada que la del sur: en el norte predominan los altos acantilados, y en la región montañosa de Tiglas, una gran brecha parte las montañas en dos. El clima en esta isla es frío, moderado durante la mayor parte del año, pero los inviernos son duros, sobre todo en el norte, lo que hace que muchos poblados se queden aislados por la nieve.
El sur es menos frío, y más lluvioso. La isla de Emer está rodeada de otras pequeñas islas, y riscos, como las dos temidas islas llamadas Isla Verde e Isla Negra, la isla de Leurcodnum, pequeño y extraño reino independiente pero aliado de Emer, y el risco de Middenheim, conocido por pocos, importante sólo para el clan Tsarith.
Razas y Sistema de Gobierno
Aunque en Emer se pueden encontrar miembros de todas las razas (excepto orcos y demás razas hostiles por naturaleza), la población es mayoritariamente humana. Casi todas las ciudades de la isla son humanas, aunque está la excepción de dos regiones: Locusamenus, al suroeste, tierra de verdes colinas y bosques habitada por hobbits, y el bosque de Nelwüin, en el que viven elfos. Emer tiene un sistema de gobierno feudal, siendo el Rey de la isla el que manda sobre cinco duques, y cada uno de estos duques es responsable del gobierno de su región. Los duques mandan sobre los condes y barones, que gobiernan las ciudades y poblados, y son responsables únicamente ante el Rey. Emer tiene seis regiones políticas, que son:
Historia Antigua
En las bibliotecas del castillo de Arlain se encuentran antiguos manuscritos en los que se recoge la historia del reino desde que se fundó el Nuevo Linaje, esto es, desde el año 785 según las cuentas del Valle de las Sombras, y el año uno en el calendario emerio.
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Las razas goblinoides predominaban en la isla, siendo los orcos los más numerosos |
Sin embargo, se ha recogido muy poco acerca de los años anteriores al nombramiento del primer rey, y lo que se conoce de las épocas más antiguas es lo que se ha venido contando de padres a hijos. Según estas leyendas, Emer fue antaño una isla ocupada por orcos, trasgos, trolls y demás razas malditas que gustan de vivir en las montañas.
En las zonas de la isla menos accidentadas, más habitables, vivían también humanos, en pequeños poblados fortificados diseminados por la isla. Es de suponer que estos poblados humanos fueran fundados por habitantes de las islas cercanas, como las Moonshae, o de la Costa de la Espada, que con afán aventurero emprendieran la misión de formar ciudades en territorio no ocupado (ya que no se considera que los orcos tengan derecho a poseer tierras).
Se cuenta que en Emurrel, el valle de los caballos, se asentó el primero de estos poblados, iniciado por algún aventurero o grupo de aventureros que descubrió la extraordinaria fortaleza y rapidez de los caballos que se crían en estos valles, y decidió quedarse para amaestrarlos y venderlos a otros reinos.
Otra de las zonas más antiguas de Emer es el Lago del Norte; presumiblemente fue aquí donde desembarcaron los llegados de las Moonshae. Además de estos poblados, se supone que existían unos cuantos más por toda la isla, sobre todo cerca de la costa, ya que las montañas eran extremadamente peligrosas.
Según las leyendas, la vida en la isla era muy dura, porque los humanos habían de soportar ataques de orcos y demás, y poco podía hacer una aldea contra una montaña llena de cuevas habitadas por estos malignos seres. Durante muchos años, los humanos resistieron en sus poblados los ataques de los antiguos habitantes de la isla, y se sufrió mucho y se perdieron muchas vidas.
Pero llegó un día en el que apareció un viejo mago venido de lejos que enseñó a los humanos el error que estaban cometiendo: mientras cada poblado estuviera aislado, sufriría una y otra vez los ataques de las temidas razas que proliferaban en las montañas. "Si queréis vivir en paz en esta isla", les dijo, "habréis de uniros y luchar como un solo hombre con la fuerza de miles". El mago fue viajando por la isla, visitando los poblados humanos, y habló con cada jefe para convencerles de ésto. Fue una ardua tarea, pues muchos de los jefes eran muy orgullosos, y no admitían la idea de aceptar ayuda de otros.
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Los unicornios dan nombre a la isla, aunque pocos los han visto... |
Pero al fin consiguió el mago reunir a todos los jefes, y para ese día ya tenía preparada una magnífica espada, que en secreto había forjado con la ayuda de un enano, el mejor herrero de aquellos tiempos.
Y esta espada fue forjada con mithril, y con la fuerza, la pureza y la lealtad de los unicornios, animales sagrados que habitan en parajes secretos en los altos picos de las montañas de Emer, y he aquí el porqué del nombre de este reino, pues emer significa en la antigua lengua de los humanos "unicornio".
Y
a esta espada se la llama la Espada Líder, y aquel que la lleve tendrá
el poder de gobernar sabiamente sobre los ejércitos y sobre las gentes, y será
un líder justo y respetado. Y cuando los jefes estuvieron reunidos, el mago
habló sabiamente y escogió a uno de ellos, un hombre llamado Meliakyn,
y a él entregó la Espada Líder, y fue éste el primer rey de Emer,
el rey Meliakyn I.
Al día siguiente, el mago ya se había marchado, y nunca más se volvió a saber de él. Bajo el mandato de este primer rey, los poblados unieron sus fuerzas, y se organizaron para hacer frente a las hordas enemigas. Formando un ejército común comenzó una larga guerra que duró más de cien años, y en este tiempo la Espada Líder cambió dos veces de mano, de Meliakyn I a su hijo, Arkhos I, y de este a su hijo, Meliakyn II. La guerra fue larga y difícil, y hubo muchos muertos y muchas pérdidas, pero finalmente llegó un día en el que el último orco había sido expulsado de la isla.
Las tropas emerias fueron barriendo la isla de norte a sur, y en los últimos años de la lucha los enemigos emigraron a la Isla Negra, y desde entonces allí habitan y sus oscuras montañas están repletas de cuevas laberínticas en las que moran los orcos, trolls y trasgos, esperando una oportunidad para volver a la isla de Emer.
De la llegada de los hobbits y de los elfos
En los archivos de propiedades del reino de Emer figura el nombre de un hobbit, un tal Zancos Pedregal. En el documento se le hace dueño de unas tierras al sureste de la isla, donde ahora se encuentra el poblado de Nuezmoscada.
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Este hobbit recibió las tierras del rey Meliakyn II, al término de la larga guerra contra los goblins y orcos, por su valentía demostrada en la lucha y sus grandes proezas para la liberación de Emer. se rumorea que Zancos Pedregal salvó la vida del rey en una ocasión, y éste en agradecimiento le hizo duque y poseedor de tierras.
Zancos Pedregal trajo a más hobbits de diferentes sitios para poblar la zona y hacerla rica y próspera, y a lo largo de los años estas tierras vieron nacer más poblados de hobbits que cuidaban de estas tierras verdes y fértiles.
Conforme fueron apareciendo nuevos poblados de hobbits, se dió un nombre al ducado formado por todos ellos, y éste fue Locusamenus.
El caso de los elfos es en cierto modo parecido: durante la guerra fue muy valiosa la ayuda mágica prestada por los habitantes de la legendaria isla Siemprehallada, una ayuda en su mayor parte desinteresada, pues los elfos también tenían sus razones para acabar con las razas oscuras. Durante la larga guerra, los elfos se asentaron en el bosque que llamaron Nelwüin, pues esta bella y noble raza gusta de los bosques frondosos y verdes.
Al término de la guerra, la mayor parte de los elfos volvieron a Siemprehallada, y no quisieron más recompensa que la certeza de que los humanos vigilarían la Isla Negra y se aseguraran de que las razas malditas se quedaran allí encerradas para siempre.
Algunos de los elfos habían nacido en Nelwüin, y junto con otros mayores que ellos pidieron permiso a Meliakyn II para quedarse en el bosque de Nelwüin, en el que habían vivido durante los cien años que duró la guerra, y dijeron que no querían títulos de propiedad, pues no se puede poseer la tierra, sino que hay que vivir en ella cuidándola, pues de ella nacen todos los seres que la pueblan. Los humanos no comprendieron esto, pero aceptaron gustosos la presencia de los elfos en su isla, y desde entonces los elfos viven en paz en este bosque, y son hospitalarios con todos los que respetan su hogar.